jueves, 23 de septiembre de 2010

Árbol sin tierra

Paseaba uno de estos días por la ciudad de Córdoba, estrecha y que huele a tierra mojada en estos días, sin que la mayoría de las veces se vea la lluvia. Córdoba que se encuentra inmóvil ante lo que la realidad le ofrece. Con el horizonte puesto en la capitalidad cultural, los temas van pasando por "la llana" sin calar en la ciudadanía. Durán, Blanco, Palacio del Sur, los impuestos... una maraña de asuntos que mueren en el intento de ser piedra angular de las semanas inmóviles de la ciudad. Unos por el cansancio, como el Palacio del Sur, otros por el desconocimiento del origen del problema, como el pago de los impuestos, y unos últimos, los más tristes, los que quieren pero no pueden, como el candidato a la alcaldía del PSOE, Durán.
Hablaba mientras paseaba con un buen amigo. Un cordobés que intenta saber de lo que pasa a su alrededor, que valora la actualidad y que no sabía apenas de lo que pasa en Córdoba. Caminando en paralelo a la muralla, que un día un fue la catapulta de noticias de occidente, me di cuenta de que los medios de comunicación cordobeses no son capaces de llegar al ciudadano. Que los temas estrella se revelan solos, y que los que no pasan de mitad de tabla los propios periodistas los matamos noticia a noticia. Y eso le pasaba a mi amigo, que sabía más sobre las primarias de Madrid, que sobre la lucha en el PSOE de Córdoba, y conocía mejor la negociación por los presupuestos entre PNV y el gobierno, que el pago de la deuda municipal en solares.
Existen noticias que crecen y crecen como si fueran un árbol. La actualidad las riega y ellas se dejan llevar por las páginas de periódicos, por los boletines de la radio y entre los informativos de las televisiones locales. Llega un momento en el que son tan frondosas que es imposible verle el origen, la tierra, de dónde sale. Por ello, los periodistas podemos y debemos intentar explicar las noticias de la actualidad con su contexto. Ese contexto que ponga en situación, que no desconecte al oyente, espectador o lector.
El cordobés necesita saber de lo que le rodea, y a pesar de que el bombardeo de noticias nacionales es tan intenso que es difícil luchar contra él, los medios de comunicación deben intentar al menos poner en relieve lo que pasa en la undécima ciudad por población de España. Queramos nuestra información, que será el espejo desde el que reflejaremos nuestra presencia ante los demás.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Huelga 29-S

Aquella situación bien podía valer para una escena de una obra disparatada, o una historia que bajara hasta el ridículo más extremo, para hacer gracia a los demás. La humillación era tal que daba risa, y si hubiera sido un cuadro sería uno de esos estridentes, chillones, ilógicos que decoraron los pasillos del siglo XVIII. Aquellos dos hombres cincuentones, sudorosos por aquel verano extremo, activos, nerviosos y sobreexcitados se mostraban frente a aquellos cuatro periodistas imberbes que disfrutaban de una mañana tranquila de agosto. La crisis económica agobiaba tanto al Estado que había tenido que fusionar varias instituciones, y con ello el trabajo de algunos funcionarios había tenido el mismo destino que una bolsa de basura. Se había mandado a un contenedor. Tal y como se hace con la chatarra, el valor de los años trabajados se había pagado y adiós muy buenas.

Ellos eran representantes de un grupo de 2000 personas. Algo a lo que nunca hubieran pensado llegar. Todo fue circunstancial. Aquel joven que le preguntó al más mayor y con cara de despierto al llegar a la primera concentración, unido a la popularidad de la pareja por ser personas agradables y con gran tema de conversación, provocó que fueran ganando presencia dentro del grupo.

Y finalmente podían cambiar el mundo. Estaban en el sitio. Pero no estaban preparados. Nunca lo podrían estar. Y la boca de aquella coyuntura económica se relamía pensando en que pronto caerían otros dos.

jueves, 15 de julio de 2010

Como el cristal de una bombilla...

Hoy, escuchando Hora 25 de la Cadena Ser, supe que Mariano Rajoy, líder del PP, había calificado la gestión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, frágil como el cristal de una bombilla. Todo ello en el contexto del debate del Estado de la Nación. Entonces, me dio por pensar en los símiles y metáforas que intentan facilitar nuestra vida, para que lleguemos a comprender lo que se siente, o lo que representa cualquier hecho o idea. Por ejemplo, durante estos días, con la victoria del mundial, fueron muchísimas las expresiones del tipo: "esto es como tener un hijo" o "la pierna de Iniesta era apoyada por todos los españoles".

Este pensamiento me llevó a mi inacabable búsqueda por expresar sentimientos, tanto míos como generales. Me di cuenta de que cada día intentamos expresar más allá de lo que las palabras pueden cualquier situación, y para ello intentamos mostrarlo con otras situaciones mucho más palpables, manejables, o que se resuelven de manera parecida a lo que intentamos contar.

Me imaginé a Mariano Rajoy en su casa procurando dar una vuelta de tuerca más para conseguir hacer entender a los españoles lo mal y lo nefasto que es Zapatero para el país. Lo inventé sollozando en su cama al ver las encuestas, no porque no consiguiera despegar totalmente de su rival político, sino porque nunca es capaz de alcanzar cotas decentes de confianza. Y por ello, su verbo lo miraba, interrogándole sobre su incapacidad para expresar lo que siente. A fin de cuentas, Rajoy no sabe decir lo que piensa, lo que nota, y se encuentra en un laberinto donde nunca encuentra la puerta adecuada.

Claro que eso también puede ser incapacidad.

Entonces, pegué un pellizco de pan de ayer. Estaba duro. Se me ocurrió una metáfora más. Los momentos en los que reímos, y somos esencialmente felices son un trozo de pan, sabrosos al principio, que se van haciendo duros e insípidos con el tiempo.

Y seguí buscándola.

miércoles, 7 de julio de 2010

Tierra de nadie




Sentimientos que no nacen. Se enquistan como si no pudieran circular, y acaban por ahogarnos. No se pueden forzar, ni animar, ni rezar por su aparición. Esperan el momento para atacar sin avisar. Sin preguntar.

Días largos, sin besos guarros son peores aún. Sin ver nada, hay poco que escribir. La realidad está ahí fuera esperándonos para ser analizada. Pero es fría. Y no es lo que necesito ahora.

Mis párrafos mueren lentamente, como mis ganas de hacer las cosas. Supongo que esta será la sensación que tengan los que arrojan la toalla de la vida. Conjeturo (aunque la palabra sea horrible tanto en su fonología como aspecto) que cuando las ganas por hacer cualquier cosa durante el día, mueren en el momento de ponerse de pie, se debe estar en depresión. Yo aún no lo estoy ni la veo de lejos, pero sí es cierto que siempre me sentí tentado por ver hasta dónde puedo llegar. Quizá esté haciendo lo mismo pero con mi interior. O quizá sólo sean días.

La cosa, el asunto, el tema, es que observo fotografías antiguas, escucho canciones, recuerdo situaciones. Me veo evolucionar, mejorar, empeorar... De telón de fondo bancos, plazas, estatuas ecuestres, paredes. Objetos que vieron tanto que perdieron la memoria. Yo aún no la perdí. Y por eso me invade de pronto la melancolía. Y con ella, las ganas de cambiar, el ímpetu por dejar todo lo vivido por fin atrás. De pintar una nueva etapa. De crear lo que aún está sin empezar. De formar, a fin de cuentas, un nuevo baúl de recuerdos, amigos, canciones, risas, besos y amores.

Y de repente... vuelvo a tener ganas. Sí. No os preocupéis. Sigo vivo. Yo mismo (no mi corazón) lato sentimientos.

jueves, 1 de julio de 2010

¿Por qué?



Porque no quiero estar callado. Porque me apetece hablar. Y porque descubro muchas cosas al día que quiero contar, y que siempre que lo hago de forma oral, ocurre que no llego a transmitir lo que realmente quiero expresar. Por todo ello... Y sobre todo porque me esperan días largos y aburridos.

Brindo por Riyad Ibrahim Hussein, ministro de sanidad de Irak en 1983 que fue capaz de decirle a su gobernador, Sadam, que debería dimitir para que la guerra que estaba manteniendo su país con Iran disminuyera en su fuerza. Murió con un tiro en la cabeza, y acabó descuartizado en una bolsa que su mujer recogió al siguiente día. Pero gracias a aquel suceso, hoy tengo un inicio para mis líneas. Porque un día como hoy, anodino, de principio de verano, tenía que dar como resultado una creación inexplicable. Bienvenidos.