miércoles, 15 de junio de 2011
La corrupción y Dios: simplemente Millás
La imagen provoca un desconcierto enorme por lo que intuimos que representa, aunque no lo tengamos muy claro. Tampoco sabíamos, de primeras, el significado de que el señor de la derecha se declarara amiguísimo de un juez (un tal De la Rúa) que debía decidir sobre su futuro procesal. Pero bastaba escuchar a Camps para que se te encogiera el páncreas. Nos parecía que esa mezcla de política y justicia repugnaba a la razón y era contraria a la honradez y a las buenas maneras. Sentías espanto por la política y por la justicia, de forma separada, y por las dos juntas en tanto en cuanto que lados del triángulo del Estado de derecho. Del mismo modo que hay fotografías que se oyen (la presente, sin ir más lejos), hay frases que se ven: aquellas frases, por ejemplo, en las que Camps se dirigía por teléfono a un gánster (presunto) al que denominaba, entre otras lindezas, "amiguito del alma". Quiere decirse que este hombre se ha dejado fotografiar en las posturas más obscenas, que son, si las encuestas no mienten, las que más ponen al electorado. Aquí aparece como amiguito del alma de los obispos y de la curia en general (no se pierdan los rostros de satisfacción de quienes aparecen en segundo plano). El primer impulso, tras sobreponerse al impacto brutal de la imagen, es recurrir al humor, a la ironía, incluso al sarcasmo. Pero hasta los recursos literarios más nobles huyen de uno en las situaciones límite. Sólo te queda recurrir a la compasión, a la lástima, a la pena. Pues eso, que qué pena (aunque también qué risa) esta alianza entre la corrupción moral y Dios.
lunes, 25 de abril de 2011
Mi alma
Ojos curiosos. Despiertos. En ese momento están cerrados. Duermen. Sueñan. Así te imagino ahora mismo. Me apetece dirigirme a ti. Sin metáforas. Sin montañas que esquivar. Sin creaciones. Porque eres lo más opuesto a la artificialidad. Tu naturalidad lleva ya dos cumpleaños conquistándome. Últimamente me he preocupado de conseguir transmitirte lo que siento. Porque en nuestra historia, tan marcada por la distancia, poco es más importante que las palabras. Los cumpleaños sirven para analizar, repasar, hacer balances, plantear sueños... Un alto en el camino. También sirven para hacer feliz. Una de las mejores acciones que he hecho en mi vida, la hice hace un año. En ese momento me di cuenta de que tenía ganas de hacer cosas por ti. Un año después, independizada, con lo que hemos vivido, con lo que he escuchado de ti, con lo que he podido saber más de ti... lo pienso, lo analizo, y me pareces una mujer francamente espectacular. Quiero felicitarte sobre todo por tu capacidad para minimizar los problemas, por tu energía positiva que la he llegado a sentir a tantos kilómetros de distancia, y por haber conseguido en este último año hacerme feliz. Feliz contigo, feliz pensando en ti. Uno de los momentos que para mi, mejor te dibujan, es cuando en el aeropuerto de Sevilla, en tu viaje de vuelta, te informan del recargo monetario. Muchas veces, cuando en mi cama te recuerdo, cuando tengo uno de esos días jodidos y quiero viajar con la mente hacia la felicidad, me viene a la memoria cómo respondiste, sin agobios, sin problemas. Con una hermosa sonrisa. Como la que tienes. Es algo pequeño, pero un acto que te representa. Por eso quise y aun quiero, para qué engañarnos, seguir pegado a ti. Porque tienes una habilidad extraña para hacer feliz a los que están a tu lado. Aparte claro, del gran número de cosas que me dice el corazón cuando te veo, te escucho o te siento. Muchas gracias por este último año. Felicidades por los 19, aunque el número sea inferior a la madurez que tienes. Y espero, deseo, quiero, anhelo, que este año que comienza hoy sea aun mejor que el anterior. Y que yo pueda formar parte algunos días del mismo. Te quiero mi alma. Disfrútalo.
miércoles, 13 de abril de 2011
Último. Volátil.
Es difícil crear. Más complicado es mantener una deuda. Yo sólo sé regalar palabras. Pero esta vez no sé ni lo que siento. La única palabra que me viene a la mente es último. Todo lo que veo, observo, siento, puede ser la última vez que lo perciba. El último apretón de mano, la última vez que su tórax sube y baja, el último terrorífico ruido sin mensaje, la última vez que la veré. A partir de ese momento sólo será recuerdo. Pero, egoístamente no quiero que llegue a ese momento. Si por mi fuera, la mantendría delante mía. Inconsciente. Pero viva.
Es aterrador pensar en los muchísimos lugares por los que pasean unas piernas, para acabar tumbadas en la cama sin ninguna orden que recibir. Es terrorífico imaginar el momento en el que sabes que tu energía se consume. Es sobrehumano observar la muerte. Y saber que está ahí. Que va aterrizando encima de cada persona que conoces. Que no entiende de bocadillos de jamón para pasar la resaca, o de conversaciones sobre la Guerra Civil, o de viajes desde Sevilla en AVE. La muerte no entiende de buenos momentos. Aparece. Cuando le da por ahí, sin previo aviso. Te da menos de una semana para que lo asimiles. Y acaba con todo de un plumazo. No entiende de una vida tan llena de vivencias, como de cabeza bien alta. No le puedes explicar que has sido víctima de tu mala suerte desde que has sido pequeña, que has sufrido los desaires de la familia que te acoge, que has vivido una dictadura siendo mujer de un "traidor a la patria", que has pasado un cáncer de mama, que has vuelto a andar cuando tus rodillas llegaron a decir que no. Que has visto nacer a la hija de la nieta que criaste. Que has vivido de alquiler, con ese orden maníaco de cada cosa que hacías. Que cuidaste a tu marido hasta que murió sin poder recordarte. La muerte pasa de eso. Te tumba contra la cama, se introduce por la garganta, por los pulmones, por el páncreas. Sin piedad. Tal vez sea que nosotros somos los verdaderamente humanos. Los que sí somos piadosos. Y que ella es tan sólo una poderosa sin capacidad para sentir.
VOLÁTILES. FRUGALES. DE PASADA. RECUERDOS. SOBREIMPORTANCIA. VIDA ASOCIADA AL FIN.
Y te fuiste acompañada de la mano de aquella sombra oscura con guadaña. Curiosamente, fue la que te dio la bienvenida cuando llegaste. Por eso, debías saber que siempre había estado allí.
Es aterrador pensar en los muchísimos lugares por los que pasean unas piernas, para acabar tumbadas en la cama sin ninguna orden que recibir. Es terrorífico imaginar el momento en el que sabes que tu energía se consume. Es sobrehumano observar la muerte. Y saber que está ahí. Que va aterrizando encima de cada persona que conoces. Que no entiende de bocadillos de jamón para pasar la resaca, o de conversaciones sobre la Guerra Civil, o de viajes desde Sevilla en AVE. La muerte no entiende de buenos momentos. Aparece. Cuando le da por ahí, sin previo aviso. Te da menos de una semana para que lo asimiles. Y acaba con todo de un plumazo. No entiende de una vida tan llena de vivencias, como de cabeza bien alta. No le puedes explicar que has sido víctima de tu mala suerte desde que has sido pequeña, que has sufrido los desaires de la familia que te acoge, que has vivido una dictadura siendo mujer de un "traidor a la patria", que has pasado un cáncer de mama, que has vuelto a andar cuando tus rodillas llegaron a decir que no. Que has visto nacer a la hija de la nieta que criaste. Que has vivido de alquiler, con ese orden maníaco de cada cosa que hacías. Que cuidaste a tu marido hasta que murió sin poder recordarte. La muerte pasa de eso. Te tumba contra la cama, se introduce por la garganta, por los pulmones, por el páncreas. Sin piedad. Tal vez sea que nosotros somos los verdaderamente humanos. Los que sí somos piadosos. Y que ella es tan sólo una poderosa sin capacidad para sentir.
VOLÁTILES. FRUGALES. DE PASADA. RECUERDOS. SOBREIMPORTANCIA. VIDA ASOCIADA AL FIN.
Y te fuiste acompañada de la mano de aquella sombra oscura con guadaña. Curiosamente, fue la que te dio la bienvenida cuando llegaste. Por eso, debías saber que siempre había estado allí.
viernes, 18 de marzo de 2011
DESEOS
Cuando pesamos 80, queremos pesar 75. Cuando se libera Egipto, queremos que se libere Libia. Cuando echamos un polvo, queremos echar el segundo. Si se gana la liga, se quiere la champions y la copa. Si nos pagan 100, queremos 200. Si me das un beso, quiero dos. Si los espaguetis tienen tomate y atún, los hubiera preferido con algo de queso. Si me quieres, preferiría que me amaras.
Andamos de inconformismo en inconformismo. Deseamos con el peligro de no conseguir. Paseamos por un alambre que adelgazamos con nuestros propias peticiones. Dice una frase de una canción que ahora mismo no ubico: ¿a qué tienes miedo? a reir y a llorar luego. Cursi, pero cierto. La ilusión nos puede a todos, pedimos más y más, y la ambición nos hace sufrir. Nos cuesta ser felices, a pesar de que tenemos todo para serlo. Quizá de ahí radica la diferencia del ser humano: que tenemos envidia. Si él tiene lo que quiere aquí y ahora, ¿por qué no lo tengo yo?
Pero de repente llegan días distintos. Que nacen de pie. En los que me apetece ser optimista. Aprovechar cada risa, cada juego de palabras. Con personas que quizá en un futuro echaré de menos. Exprimir las horas, olvidar mis preocupaciones, empujar en lugar de tirar. Alegrarme desde mi cama por lo que otros están viviendo ahora mismo. Cantar a pleno pulmón con una sonrisa esa canción que me trae buenos recuerdos. De ahí debe surgir la idea de que realmente por eso somos humanos: nos emocionamos con la simple ayuda de nuestro archivo. A causa de una canción. De una estrofa. De una frase. De un programa.
¿Por qué no? Dejemos volar la mente... =)
Andamos de inconformismo en inconformismo. Deseamos con el peligro de no conseguir. Paseamos por un alambre que adelgazamos con nuestros propias peticiones. Dice una frase de una canción que ahora mismo no ubico: ¿a qué tienes miedo? a reir y a llorar luego. Cursi, pero cierto. La ilusión nos puede a todos, pedimos más y más, y la ambición nos hace sufrir. Nos cuesta ser felices, a pesar de que tenemos todo para serlo. Quizá de ahí radica la diferencia del ser humano: que tenemos envidia. Si él tiene lo que quiere aquí y ahora, ¿por qué no lo tengo yo?
Pero de repente llegan días distintos. Que nacen de pie. En los que me apetece ser optimista. Aprovechar cada risa, cada juego de palabras. Con personas que quizá en un futuro echaré de menos. Exprimir las horas, olvidar mis preocupaciones, empujar en lugar de tirar. Alegrarme desde mi cama por lo que otros están viviendo ahora mismo. Cantar a pleno pulmón con una sonrisa esa canción que me trae buenos recuerdos. De ahí debe surgir la idea de que realmente por eso somos humanos: nos emocionamos con la simple ayuda de nuestro archivo. A causa de una canción. De una estrofa. De una frase. De un programa.
¿Por qué no? Dejemos volar la mente... =)
martes, 15 de marzo de 2011
La más nombrada
Numerosas noticias versan sobre ella. Aparece decenas de veces en los periódicos, en los informativos, en los boletines de radio. Marca el principio de etapas, el final de otras. Influye en estilos de vida, determina ritos sociales y causa movimientos ciudadanos tremendos. Crea tristeza, alegría, drama, lágrimas, riqueza. Se ha hablado a lo largo de la historia siempre de ella. Ha creado religiones, ha fomentado interpretaciones sobre ella, ha marcado la vida.
Siempre está ahí. Nunca la vemos, aunque siempre la tratamos. Un día, cuando llegas a casa, tras sentirte más vivo que nunca, aparece. Sibilinamente, tras un comentario vacío en la televisión, se cuela en la mente, y comienza a empujar las reflexiones hasta que tratamos de olvidarla de nuevo. Es como ese examen que se tendrá dentro de dos semanas, que ataca la conciencia cuando no se está estudiando, y que los seres humanos tratamos de tapar, a pesar de que en algún momento tendremos que enfrentarnos a él. Ante la muerte también tendremos que enfrentarnos. Y nunca estaremos lo suficientemente preparados. Una pena. Y más miedo.
Siempre está ahí. Nunca la vemos, aunque siempre la tratamos. Un día, cuando llegas a casa, tras sentirte más vivo que nunca, aparece. Sibilinamente, tras un comentario vacío en la televisión, se cuela en la mente, y comienza a empujar las reflexiones hasta que tratamos de olvidarla de nuevo. Es como ese examen que se tendrá dentro de dos semanas, que ataca la conciencia cuando no se está estudiando, y que los seres humanos tratamos de tapar, a pesar de que en algún momento tendremos que enfrentarnos a él. Ante la muerte también tendremos que enfrentarnos. Y nunca estaremos lo suficientemente preparados. Una pena. Y más miedo.
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